Adolfo Camilo Diaz. (Director Casa de Cultura de Corvera de Asturias. Escritor)

ERRATISMOS AL AMPARO DE UNA OBRA BELLA.


Pedro Pubil, o la Fascinación. Pedro Pubil o el encantamiento. Sus piezas son proyecciones, intimidades abiertas en canal que buscan un amigo que no entienda de estética, que vive, deja vivir, que ríe y ríe, tanta buena risa por que el arte es juego y su juego, el de Pedro Fascinador ,Pedro En cantador, es la belleza. Lo “naif” se vuelve referente para ese amigo a-estético. Se busca el adjetivo y se pierde un tiempo precioso, en las piezas de Pedro hay un discurso propio, lo simple, en él, es una trama compleja, una trama laberíntica conformada por combinatorias con claves que sólo están en sus ojos y como no, nueva proyección de artista sutil y sabio, en los nuestros.
¿Una cabeza? ¿ese torso?¿ese juguete?¿eses escorzo, esa cara, ese ojo? Material refractario, curva creadora en la que todos jugamos, en la que somos cuartadas que justifican la obra de un creador mayor, de un creador singular, de un creador irreverente y alejado de los cánones, de un amigo que sin ser esteta, nos introduce en su republica de Belleza y nos trasforma, pocos lo consiguen, sólo los verdaderos, en hermosas palabras que buscan sus manos. Las mejores manos.

 

Ramón Rodríguez. (Comisario artístico, Director de la Escuela de Cerámica de Avilés)
PEDRO PUBIL O LA GEOMETRIA ESENCIAL
Con estas o parecidas palabras definía no hace demasiado tiempo la obra cerámica de Pedro Pubil; no habiendo variado sustancialmente desde entonces, parece no existir necesidad de buscar ninguna nueva especificación. Si acaso, eso sí, como es consustancial a todo artista con verdaderas preocupaciones, lo que cabe es ahondar en las consideraciones que motivaron tal testimonio. Superficialmente, su obra es, tal como ya se define en el titular, esencial, apenas constituida por elementos tan simples como esferas, pirámides y varillas, pero lo verdaderamente singular son las combinaciones y las consiguientes relaciones que se establecen entre ellos que van a permitirle unas composiciones donde lo que prima son las tensiones y los equilibrios hasta la consecución de algo muy en línea de la arquitectura, unas veces soñada, en otras ocasiones heredada, en perfecta síntesis de tradición y modernidad. Por otra parte, nada en el conjunto interrumpe la mirada. Pese a ser cerámica, ningún esmalte altera las superficies, siendo únicamente perceptibles los efectos de luz sobre el color propio  – arcillas manipuladas por el propio creador hasta conseguir la tonalidad y la textura buscadas- alcanzando valoraciones que hasta podríamos considerar minimalistas. Así ante nuestros ojos, aparecen arcos que en su elementalidad casi ni lo son; árboles que son puro esquema; elementos seriados que, dentro de su pequeñez, nos conducen a la grandiosidad de algunos monumentos pétreos de civilizaciones extinguidas.  Pedro Pubil, también lo hacía constar con otras palabras en aquella pasada ocasión, trabaja como lo hacen, hoy en día, un número tremendamente reducido de artistas: pausada y calladamente. Pedro Pubil deja que sean sus obras las que se aviven y las que griten hasta lograr la atención del espectador que se verá abocado a reconocer, entre tantos mercaderes, embaucadores e ilusionistas, la obra de un artista sensible que es capaz de elevar lo esencial y lo mínimo a la categoría de lo grandioso.
 

Ignacio Pando Pumarino. (Licenciado en Historia del Arte. Escritor)

Suele ocurrir con la mayoría de los creadores. Sus obras contienen proyecciones más o menos conscientes de egos, latencias, relaciones interpuestas, espacios y colores imaginados, pesadumbres. La mirada de Pedro es directa, analítica e insistente, y con ella parece activarse un mecanismo preciso del que surge la manifestación de la expresión. No es apresurado en sus juicios, pero inevitablemente lo que el cristalino capta, lo que su nariz huele, incluso un sonido apenas incipiente, pueden ser matrices para una nueva pulsión. Determinados rasgos reales o imaginados y un inequívoco magnetismo metálico, no pueden esconder sus precisas coordenadas en el espacio y el tiempo. El genio creador, no importa la proporción en que este presente, siempre encuentra camino para aflorar.

Pedro Pubil es asturiano por nacimiento y convicción, y en aquella tierra toman forma los primeros resultados de su simbiosis personal. Pero la experiencia, el aprendizaje, la experimentación o el contacto, no tienen fronteras e inevitablemente producen caminos nuevos. Solo podemos acercarnos a su obra actual, comprendiendo la yuxtaposición de un nuevo sustrato inequívocamente mediterráneo

 Cuál ha sido la primera forma, el primer color en tomar cuerpo para este nuevo sustrato, sería difícil de precisar. La naturaleza se contempla de forma automática e intuitiva, pero ella y sus geometrías, impregnan; la luz modifica lentamente las percepciones de los colores, recomponiendo tu geografía cromática; la materia adopta texturas cambiantes en función de la luz, la densidad y humedad del aire; el olfato y el oído trazan latitudes y longitudes, que son los fijadores del aprendizaje; la presencia del humano introduce el juego de escalas y proporciones. Ya están presentes y activos muchos de los elementos primordiales en el proceso del creador.


Pedro Pubil somete sus materias con sus coordenadas adquiridas y asumidas personalmente, por eso late siempre la necesidad de transmitir una forma alternativa para entender lo que nos rodea. Una realidad que en muchos casos tiene una validez varias veces milenaria. La diosa madre fecundadora de la tierra ; los espacios y/o materias en equilibrio y convivencia ; la sensualidad de una formas que se inician y nunca finalizan ; la dualidad complementaria no adjetivada ; las texturas que incitan al deseo de un contacto visual o táctil.

En definitiva, la música y las artes plásticas participan de un mismo lenguaje universal que todos comprendemos con independencia de la lengua, la raza, la nación o las coordenadas temporales. Se genera entonces una genealogía de visiones con firmas propias, en un proceso que es acumulativo, pero también  discordante, concordante o complementario, y que al final componen un sustrato propio llamado, cultura, escuela, tendencia, generación… cuya justificación primera y ultima reside en la individualidad. En este momento Pedro se le intuye su admiración por Miro o Barceló,  que se asoma con curiosidad a Calder y Giacometti, reconoce  maestros como Jorge Oteiza, Martín Chirino, Ángel Ferrant, Pablo Serrano… y a tantos mas; pero sin renunciar a su propia y peculiar envoltura personal.

 

Jaime Luis Martín. (Director Casa de Cultura de Castrillón, Asturias)
LA NUEVA CERÁMICA DE PEDRO PUBIL: UNA APUESTA POR EL RIESGO.

Si bien la técnica empleada, barro refractario, chamotas y pigmentos naturales, rojo y siena, preferentemente, remiten al mundo de la cerámica. Las piezas de Pedro Pubil que  presenta en esta muestra de la Sala de Exposiciones de la Casa de Cultura de Llanes, se escapan de cualquier análisis artesanal y aluden a un mundo personal en el que entran en juego elementos artísticos y escultóricos. En este sentido la preocupación del artista por las masas, volúmenes y equilibrios configuran los elementos esenciales de una obra que ha abandonado cualquier intención decorativa para adentrarse por caminos menos trillados, en los que la búsqueda de un lenguaje  expresivo propio es punto esencial de sus actuales trabajos. Las piezas con marcado sentido totémico y primitivista, en algunos casos, con referencias solares o influencias mironianas, en otros, destacan por la enorme sencillez en su realización  lo que confiere fuerza a unas formas en las que prima un afán de clasicismo y momumentalidad. Otra de las preocupaciones estéticas de Pedro Pubil, la textura, se pone de manifiesto bien utilizando los propios barros y la mezcla de chamotas, bien incidiendo sobre la masa mediante cortes, logrando en ocasiones un aspecto rudimentario, pétreo, claramente intencionado, que corrobora los aspectos más primitivistas de la obra y entronca con la modernidad. Cabe destacar, por último, la posibilidad de infinitos montajes en muchas de las piezas, que amplían sus posibilidades de contemplación  con un sentido lúdico que no ocultan referencias e influencias estéticas, o la movilidad,  cuyo ejemplo más significativo serían las esferas sostenidas en el espacio por una barra de hierro, elemento también fundamental, para entender estos últimos trabajos de Pedro Pubil. En todo caso valga la apuesta emprendida, el riesgo asumido, el intento de abrir nuevas vías tratándose  de un material tan tradicional como es el barro; aunque solo un mayor desarrollo de esta obra, la posibilidad, apuntada por el propio artista, de ampliar el formato a una escala que confiera mayor contundencia y sentido espacial a estas piezas, permitirán confirmar y consolidar el interés de estos trabajos.